Sudor en los pies

Un 15% de la población mundial tiene hongos en las uñas de los pies

Una de las consecuencias de una sudoración extrema de los pies, que puede ser causada por propia predisposición de la persona o utilizar un calzado que no permita transpirar el pie, entre otros motivos, es la aparición de hongos. De hecho, ésta es una de las patologías más comunes que se atienden en los centros podológicos y un 15% de la población mundial, que habita en zonas industrializadas, padece infección por hongos en las uñas de los pies.

Las causas más habituales que provocan su aparición es no secar los pies adecuadamente después de la ducha, andar descalzo en zonas húmedas públicas o mantenerlo mojado durante mucho tiempo (después de hacer deporte, tras un baño, etc.) o utilizar un calzado que estuviera infectado con anterioridad.

Los hongos no son una enfermedad crónica, se curan, pero es necesario tomar algunas precauciones para evitar un nuevo contagio. Una vez tratada la infección es fundamental desinfectar adecuadamente el calzado que se hubiera utilizado hasta el momento, con agua y amoniaco por ejemplo, porque podría ser el generador de un nuevo brote”, ha señalado Maite García, presidenta del ICOPCV.

En este sentido, se ha destacado que compartir el calzado con otra persona que padezca este tipo de infección o la laca de uñas, pueden ser posibles focos de contagios. Desde el ICOPCV se ha señalado que si bien los hongos por sí mismos no provocan dolor, sí debilitan la uñas y hay un riesgo elevado de que se rompan, con las molestias que ello comporta para el paciente.

Hongos

Además, se ha insistido en que es fundamental asistir al podólogo en cuanto se detecte cualquier pequeña anomalía para valorar el problema y poder darle una solución específica que lo combata de forma efectiva lo antes posible. Algunos síntomas que nos pueden indicar que hay algún tipo de , bien sea fúngica por bacterias, alergias u otro tipo de alteraciones en la piel son:

1. Sufrir un picor constante y continuo en una zona concreta del pie.

2. Detectar rojeces en forma de placas en el pie o entre los dedos.

3. Presencia de descamaciones de la piel en el pie.

4. Padecer cualquier síntoma anterior y además que esté acompañado de un mal olor que no es habitual.

5. Padecer grietas dolorosas en los pies.

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