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Verano sin molestias ni contagios en los pies

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Si hace unos días os ofrecíamos consejos para cuidar los pies en verano, en esta ocasión vamos a hablar de las enfermedades o dolencias más habituales en esta época del año y de cómo prevenirlas y tratarlas. Entre las infecciosas, las verrugas plantares o papilomas víricos y los hongos, especialmente la tiña podal, conocida popularmente con el pie de atleta son las más frecuentes, y existe un alto índice de probabilidades de contraerlos si andamos descalzos por piscinas comunitarias, polideportivos y gimnasios. Es recomendable utilizar chanclas en estos lugares así como en la ducha de cualquier vestuario público, y los escarpines también son una alternativa muy práctica.

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Por otro lado, la humedad del suelo facilita la infección por hongos dermatofitos en los pies (pie de atleta, que debe su nombre a que durante siglos, el único segmento de la población que compartía suelo bajo sus pies desnudos eran los deportistas). La podemos prevenir secándonos bien después de la ducha, sin olvidar entre los dedos. Y hay que tener en cuenta que el exceso de sudoración también puede derivar en una maceración de la piel que facilita la mencionada tiña podal o pie de atleta, que hoy en día ya no guarda relación expresa con ser o no un atleta :) Sobre esta enfermedad tenéis más información en este blog.

Por otra parte, en verano son más frecuentes las rozaduras, ampollas y grietas a causa de no llevar calcetines, del calor y la dilatación del pie. La sequedad extrema se agrava en los talones, donde pueden aparecer bordes blanquecinos y acumulación de durezas. Como la piel reseca es menos flexible, se originan las dolorosas grietas. Lo más conveniente es utilizar un calzado de tejidos naturales (el plástico no transpira y resbala), con suela cómoda, con un grosor que aísle lo suficiente la planta del pie del suelo e hidratar el pie con una crema con urea. Si nos sale una pequeña ampolla, podemos dejar que se seque. Si es grande y nos molesta, conviene pinchar y drenar, y aplicar mercromina o betadine, que ayudarán a que se seque a la vez que desinfectan.

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Además, hay que tener precaución con las quemaduras. Es muy común olvidar poner filtro solar en el pie y especialmente en el empeine (donde el sol incide de manera perpendicular) y cuidado con andar descalzos por la arena. Si notamos que “nos quema”, efectivamente, el daño está hecho. En nuestra entrada sobre los riesgos de caminar por la playa podéis consultar el tratamiento más conveniente.

Por último, no olvidéis que los esmaltes de uñas no dejan transpirar la uña y pueden ocultar algún problema incipiente. Por ello, conviene utilizar productos de calidad, en un centro que cumpla con las medidas de higiene necesarias y no dejarlos más de dos semanas.

Como siempre os recordamos, estos consejos son útiles pero no pueden reemplazar el diagnóstico profesional. Por ello, ante cualquier cambio de color, picor, dolor o irregularidad que os llame la atención, lo más indicado es visitar a vuestro podólogo.

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Consejo cuidado de los pies verano

Arrancar con buen pie el verano

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Recién estrenado el verano, es momento de recordar tres sencillos consejos para empezar con buen pie esta época del año, y no esperar hasta las vacaciones -que aún falta un poco- para cuidar nuestros pies.

LA PIEL DEL PIE: UN CASO MUY PARTICULAR

La piel del pie tiene una particularidad: la del dorso es similar a la del resto del cuerpo mientras que la de la planta es más espesa y resistente, adaptada para soportar el peso. Por ello, los productos que empleemos para su cuidado deben ser específicos.  Las cremas hidratantes con urea son básicas en periodos de calor, sobre todo en zonas más secas como los talones. La urea, al ser un queratolítico, ayuda a desprender la piel que necesita renovarse por lo que la hidratación es más eficiente que con las típicas leches corporales.

Por otra parte, en casos de exceso de sudoración en los pies, la constante humedad favorece una proliferación no deseada de la flora que habita en la superficie de la piel y que puede degenerar en infecciones cutáneas por exceso de maceración. En estos casos, el podólogo aconsejará sobre los cuidados y productos más convenientes.

¡EN MARCHA! AÚN MEJOR POR LA PLAYA

La planta de los pies está provista de una compleja red vascular venosa, que se activa al andar. Cada vez que el pie cesa la carga, la sangre venosa penetra en el tejido celular subcutáneo y lo dilata; el apoyo siguiente la empuja y así sucesivamente en una continua contracción-expansión que es el mejor modo de nutrir los tejidos de manera automática. Así que el sencillo gesto de caminar consigue mantener activa la circulación y, por tanto, ayuda significativamente en aquellos casos que padecen un déficit circulatorio como es el caso de los diabéticos.

En la playa, el masaje que produce la arena en las plantas de los pies activa la circulación venosa y linfática. Aún más, al romper las olas en la orilla, el agua también masajea los tobillos, con lo que el ejercicio es todavía más completo.

¿CÓMO ESCOGER EL CALZADO DE VERANO?

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El problema de las sandalias típicas -aquellas con sujeción solo en el antepié- es que requiere de un trabajo forzado de la musculatura extensora y flexora de los dedos, que deriva en una garra excesiva y muchas veces origina dolor en la superficie metatarsiana. Si queremos evitar estas molestias, que pueden interferir en nuestro día a día, recomendamos que el calzado tenga siempre una sujeción a nivel del talón y/o tobillo. De esta manera, permitiremos que el antepié trabaje sin forzar ningún grupo muscular. Por último, a nivel de la suela es recomendable que ésta cuente con un determinado grosor (entre dos y cinco centímetros) que proteja la planta de los pies con un material blando y cómodo, pero rígido a la flexión; así favorecerá un movimiento relajado del pie en balancín en cada paso.

Con el pie bien sujeto y protegido, facilitaremos la marcha y podremos evitaremos sobrecargas que vienen derivadas de una elección incorrecta del calzado.

¡Feliz verano!