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Problemas en los pies de las personas mayores

El paso de los años afecta inevitablemente a nuestros pies que a lo largo de la vida se han visto sometidos a todo tipo de presiones y traumatismos provocados por el calzado, el peso de nuestro cuerpo, las actividades lúdicas y deportivas, entre otros. La aparición de problemas en los pies de las personas mayores puede causar problemas de movilidad alterando la marcha y la postura de la persona que pueden llegar a incapacitarlas e, incluso, derivar en problemas respiratorios. Por lo que es recomendable realizar revisiones por parte de un profesional y el cuidado minucioso de los miembros inferiores para evitar complicaciones mayores.

Los problemas circulatorios, el desgaste osteoarticular y los propios déficits psicomotores que acompañan al envejecimiento del cuerpo se traducen en alteraciones estructurales y dérmicas en el pie que dan lugar a la aparición de callos y deformidades en los dedos.

Junto a esto, otras alteraciones asociadas a la edad son pérdida de la grasa en las zonas del metatarso (almohadilla debajo de los dedos) y del talón que generan callosidades, alteraciones artrósicas en los dedos del pie que provoca que los dedos que rozan entre sí y con el calzado se amontonen, uñas engrosadas o muy duras, pérdida de movilidad y elasticidad articular en el pie y atrofia muscular, más acusada en los músculos que forman la bóveda plantar, y que generan pies aplanados que alteran la distribución de las cargas en el pie y, en consecuencia, la marcha de la persona. Además, en el caso de las personas con pies cavos (con mucho puente) aparecen más callos en la planta y en el talón y se acompañan de dedos en garra con callos en el dorso.

Si a todo esto sumamos que en los mayores también es frecuente que se desarrolle una mala alineación de las articulaciones de la cadera y rodilla y que estas alteraciones pueden darse de forma conjunta, el resultado es dolor en la zona, pérdida de movilidad y una discapacidad funcional que acaba afectando a su calidad de vida y su capacidad para andar.

Para minimizar el efecto de las dolencias propias de la edad y cuidar adecuadamente el pie geriátrico, desde el se recomienda:

1.- utilizar un calzado holgado y flexible que permita realizar la pisada de una forma cómoda. Es importante evitar punteras estrechas y tacones altos.

2.- Realizar diariamente un lavado y secado minucioso del pie, especialmente entre los dedos, para evitar la maceración de la zona y la aparición de hongos.

3.- Cuidar las uñas correctamente, que es recomendable que sean cortadas por un profesional si hay engrosamiento u otra complicación, y vigilar si aparecen malformaciones o cualquier otro tipo de alteración-

4.- Revisar periódicamente y de forma preventiva al podólogo para examinar el pie y detectar si hubiera algún tipo de anomalía, de esta forma podría aplicarse el tratamiento lo antes posible y evitar complicaciones posteriores.

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