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¿A QUÉ EDAD DEBO LLEVAR A MI HIJO AL PODÓLOGO?

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¿A qué edad debo llevar a mi hijo al podólogo?

Con cierta frecuencia los pacientes que se visitan en la consulta de un podólogo hablan de sus hijos porque han observado algún patrón de marcha o actitud postural que consideran no es normal o que directamente les parece que les puede perjudicar. La pregunta que suelen hacer, especialmente cuando los niños tienen una corta edad, es ¿cuándo es necesario realizar un control podológico?

En condiciones normales desde que nacemos hasta los 4 años de edad aproximadamente es normal tener un pie plano, esto es debido a la elasticidad propia de los componentes del pie en esta etapa de desarrollo corrigiéndose de forma espontánea. Es precisamente a partir de los 4 años, el momento adecuado para que hagan una revisión en consulta en donde se realizarán una serie de sencillas pruebas que determinen el correcto desarrollo del pie o de lo contrario actuar para tratar cualquier alteración detectada.

Se considera que el pie está totalmente formado a los 9 años de edad, sin embargo, su crecimiento continúa mucho tiempo después hasta los 20 años de edad aproximadamente. Lógicamente cuanto antes se detecten problemas estructurales mejor pronóstico ofrecen los tratamientos, en la mayoría de casos conservadores, pudiendo incluso evitar tratamientos agresivos.

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Los bebés que no caminan no necesitan zapatos

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Los bebes que no han iniciado sus primeros pasos en contacto con el suelo no deberían ir calzados. La creencia de que puede coger frío por los pies es falsa y no es motivo para calzar al bebé que va dentro de un carro de paseo, donde –si es necesario- puede llevar calcetines para mantener los pies calentitos.

Así mismo, en la fase de gateo, esos pies descalzos obtienen numerosa información que ayudará al bebé a su desarrollo psico-motriz (los pies del recién nacido tienen una sensibilidad mucho más fina que la de la mano hasta los nueve meses) y por ello no se aconseja el calzado de pre andante porque anula ese contacto directo con el medio.  Por sentido común, haremos una salvedad si el terreno puede dañar al niño. En ese caso, sí se pueden utilizar zapatos de pre andado o gateo, con un refuerzo de goma en la puntera que proteja esa zona del pie.

Entre los estudios que avalan estas recomendaciones, las etapas de Piaget de desarrollo de la inteligencia (que sitúa la primera “etapa sensomotriz” entre el nacimiento y los dos años) refuerza la importancia de descartar el calzado en esta etapa en la que son esenciales la manipulación y el movimiento para aprender a organizar la información que llega a través de los sentidos.

Gracias a la gran sensibilidad de la piel de los pies en los primeros meses de vida, el bebé capta mucha información a través de ellos

Gracias a la gran sensibilidad de la piel de los pies en los primeros meses de vida, el bebé capta mucha información a través de ellos

También Isabel Gentil García, profesora de la Escuela Universitaria de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Universidad Complutense de Madrid, defiende que el movimiento físico en libertad y el estímulo sensorial del bebé a través de los pies descalzos es factor de aceleración de maduración, del desarrollo propioceptivo y del desarrollo intelectual del niño. Autora del famoso artículo “niños descalzos igual a niños más inteligentes” recuerda que los pies de los lactantes son un potente receptor del mundo exterior.

Así, el tacto que el niño desarrolla en los pies le da información de temperatura, texturas, etc., y juega de manera inconsciente con la fuerza, la presión, tanteando el entorno y a sí mismo. Por ello, hay que potenciar la propiocepción y no colocar zapatos que supongan una barrera a este abanico de estímulos.

Lo idóneo y correcto sería empezar a calzar al niño en sus primeros pasos firmes en los cuales necesita un calzado que confiera seguridad a sus pasos y que debe cumplir ciertos requisitos: una suela antideslizante que le dé confianza, contrafuerte estable que mantenga el talón en una posición correcta y buena sujeción en empeine para que el pie no “baile” dentro del calzado. Un cuerpo del calzado flexible dará libertad de flexión, lo que conseguiremos con tejidos blandos que permitan este movimiento, sobre todo en la puntera (condición indispensable para poder realizar un buen despegue).

No insistamos en ponerles zapatos cuando no los necesitan, porque no caminan.

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